El 68% de las personas dice que la razón principal para ir a la oficina es encontrarse y colaborar con sus compañeros, según un informe de CBRE de 2026. Esto muestra que el valor de la presencialidad está cada vez más asociado a lo que ocurre cuando las personas se encuentran. Si las personas vuelven a la oficina para encontrarse, el valor del espacio está en lo que hace posible ese encuentro.
El diseño tiene que acompañar estos momentos de intercambio, pero también contemplar las distintas actividades que forman parte de una jornada de trabajo. Desde momentos de foco profundo o llamadas privadas hasta instancias de co-creación e interacciones sociales. Para cada tipo de actividad el espacio necesita condiciones diferentes.
La colaboración y el intercambio no ocurren únicamente en los espacios de trabajo. Una conversación en la cocina, un café compartido o un cruce en un espacio de descanso pueden generar intercambios que no estaban previstos. En este contexto, los espacios comunes y de descanso se vuelven parte de la experiencia y construyen el sentido de pertenencia.
La cultura también se diseña
El diseño de los espacios de trabajo tiende hacia entornos más compartidos y flexibles, orientados a favorecer la colaboración y la interacción, según un informe JLL de 2026. Los espacios de uso compartido y temporal, como los phone booths y las salas de reunión, ganan protagonismo, mientras que los espacios privados, como un despacho, empiezan a integrarse de otra manera dentro de la oficina. “El espacio que antes estaba reservado permanentemente para una persona ahora está disponible temporalmente para todos”, señala el informe. En cuatro años, el espacio destinado al trabajo individual cayó del 56% al 35% de la composición de una oficina, según el informe.

Es un cambio de cultura trasladado al diseño. Un informe de CBRE plantea que las oficinas están dejando de ser espacios centrados exclusivamente en la ejecución de tareas para convertirse en destinos donde las personas encuentran valor en estar. El cambio no está solamente en qué espacios se incorporan, sino en qué experiencias se busca generar cuando las personas están en la oficina.
Un artículo de JLL sostiene que un tercio del tiempo de los días de presencialidad se usa para colaborar; en reuniones, momentos de intercambio descontracturado e instancias de brainstorming. Si la oficina es un lugar para reforzar y generar vínculos, la manera en que se combinan los distintos tipos de espacios importa. La distribución deja de ser una cuestión puramente espacial y empieza a tener una dimensión cultural. En Sinergia, aproximadamente el 70% de una oficina corresponde a espacios de open office y el 30% a espacios privados de uso personal y asignado, según Diego Spangenberg, gerente de Infraestructura en Sinergia. También sostiene que intercalarlos aporta espacialidad y fluidez, e incentiva el intercambio entre personas con distintos cargos.
"No apuntamos a llenar las oficinas con escritorios, sino que siempre incluimos espacios complementarios que brindan otro tipo de función, como una sala de reunión o un espacio de descanso”, explica Spangenberg.
En este sentido, los espacios para la colaboración no sustituyen los espacios de uso individual, sino que los complementan. El artículo de JLL plantea que hay una oportunidad de seguir agregando espacios que condicen con la jornada real y un modelo de trabajo híbrido.
Una buena distribución no es suficiente. La iluminación, la acústica, la climatización, la ventilación y la tecnología también forman parte de la experiencia de trabajar. Lo técnico no queda por fuera del diseño sino que es parte de lo que hace que un espacio genere bienestar laboral.
El informe de CBRE destaca, además, el crecimiento de los espacios comunes como comedores y kitchenettes, que funcionan como facilitadores de encuentros espontáneos entre colaboradores. Desde 2021, la creación de este tipo de espacios creció un 120%. La cocina es un ejemplo. Es un lugar de pausa, pero también puede ser el punto donde alguien se cruza con un compañero, comparte un café o retoma una conversación. Por eso, Spangenberg destaca la importancia de pensar estos espacios tanto desde su estética como desde su funcionalidad. Son parte integral del diseño, no algo para esconder.
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Diseñar es personalizar
Diseñar oficinas va más allá de elegir muebles y colores. Se trata de entender cómo trabajan los equipos para crear un espacio que responda a sus necesidades. El rubro, la cantidad de personas, las dinámicas de trabajo y la cultura de la organización son algunas de las variables que permiten definir qué espacios hacen falta y cómo deben relacionarse entre sí.
Hay un proceso reflexivo en el diseño, de cuestionarse qué actividades necesitan resolver dentro del espacio exclusivo, cuáles pueden suceder en otros y qué necesidades tienen hoy los equipos. También implica pensar cómo se sienten las personas que la habitan y cómo aprovechar mejor el espacio disponible. Esta mirada también permite anticiparse, explica Spangenberg. Muchas veces, la cantidad de metros se calcula desde una lógica tradicional, sin considerar que parte de las necesidades del equipo pueden resolverse en espacios compartidos y reservables. Por ejemplo, una sala de reuniones, el comedor, una terraza o un playroom. En Sinergia trabajamos con una premisa que parece obvia pero cambia todo: una empresa paga solamente el espacio que necesita. El modelo de Flex Office permite complementar la oficina con espacios que se contratan a demanda y, a la vez, las personas acceden a espacios compartidos.
El acompañamiento arquitectónico es clave para entender cómo personalizar los espacios corporativos y adaptarlos a las necesidades de cada equipo. Una oficina lista para ingresar parte de una configuración definida, pero eso no significa que no pueda evolucionar. En Sinergia se pueden hacer ajustes para que el espacio acompañe mejor cada dinámica de trabajo. A veces se trata de intervenciones muy concretas, como demoler un tabique para unir dos espacios. El diseño puede ajustarse para potenciar la funcionalidad, el bienestar y la eficiencia, y hacer que el espacio responda mejor a las distintas formas de trabajar de cada organización.
También es posible personalizar el espacio a través de pedidos puntuales que incorporen elementos vinculados a la cultura de cada organización. Una chopera de cerveza, un playroom con futbolito profesional o un espacio pensado para una actividad específica pueden hacer que una oficina se sienta más propia y responda a la manera particular en que cada equipo trabaja y se relaciona. Estas incorporaciones pueden hacerse tanto en una oficina lista como en un proyecto diseñado desde cero.
Hay empresas que directamente buscan llevar la personalización de la oficina a otro nivel para transmitir el carácter de la organización, fortalecer el sentido de pertenencia y potenciar la productividad. A través de colores, materiales, gráficas y mobiliario y diseño hecho a medida del espacio, las empresas alinean su oficina hecha a medida con su esencia y objetivos estratégicos. Es un proceso que, según el gerente de Infraestructura de Sinergia, muchas veces se subestima, aunque suele involucrar diseñadores o estudios de arquitectura y requiere un intercambio importante con el cliente.
Diseñar es un proceso de intercambio entre el operador del espacio y la empresa que comienza desde las primeras preguntas hasta esos últimos detalles: entender, proponer, ajustar y encontrar la forma de llevar las necesidades de una empresa al espacio que va a habitar.
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Diseñar para un modelo de oficinas flexibles
Pasar de un modelo tradicional a uno flexible implica cambiar la forma de pensar el espacio. Por eso, el diseño tiene que contemplar desde el inicio aspectos que muchas veces quedan en segundo plano, como la tecnología, la seguridad, el almacenamiento o los espacios de soporte.
Spangenberg destaca la importancia de involucrar al equipo de IT desde las primeras etapas es parte de ese proceso. La tecnología atraviesa cada vez más dimensiones de la experiencia de trabajo, desde la conectividad y las salas de reuniones hasta los sistemas de acceso y la seguridad de la información. De hecho, un informe de CBRE muestra que los espacios de soporte pasaron de representar el 20% al 24% de la superficie de las oficinas en cuatro años. El crecimiento responde, entre otros factores, a una mayor dependencia tecnológica, las necesidades de soporte IT y la seguridad de datos.
La recepción es un ejemplo de cómo cambia la configuración del espacio en un modelo flexible. Muchas empresas están acostumbradas a contar con una recepción propia y una persona dedicada a esa función. En Sinergia, esa necesidad se resuelve de forma compartida: una recepción general en planta baja da servicio a las distintas empresas, mientras que la videovigilancia y los controles de acceso complementan la seguridad. Esto permite que, al momento de diseñar la oficina, la recepción pueda pensarse como parte de una infraestructura común y liberar ese espacio para otros usos dentro de cada oficina.
“Ahí hay que ayudarlos a entender el modelo de Sinergia: no es un único espacio, sino un abanico de posibilidades que incluye también el resto de las sedes”, destaca Spangenberg.
Algo similar ocurre con el almacenamiento. Al diseñar una oficina, es habitual que una empresa estime que necesita poco espacio para guardar documentación y otros materiales, pero que esas necesidades cambien con el uso cotidiano, explica el gerente de Infraestructura. Por eso, es importante contemplar desde el inicio distintas alternativas de guardado y cómo integrarlas al diseño de la oficina. De esta manera, el espacio de almacenamiento puede dimensionarse según las necesidades reales de cada empresa, sin tener que destinar metros de oficina a una función que quizás no se utiliza de forma permanente.
Diseñar para un modelo flexible implica, entonces, pensar más allá de la superficie exclusiva de cada empresa. Algunos servicios, espacios y recursos pueden ser compartidos, mientras que otros requieren soluciones específicas según la dinámica de cada equipo. La clave está en identificar qué necesita realmente cada organización para trabajar bien y cómo distribuir esos recursos de la manera más eficiente para evitar tanto la falta de espacio como los metros que no aportan valor.
La arquitectura de la colaboración
Pensar en el diseño de una oficina es crear las condiciones para que las personas puedan trabajar, encontrarse y colaborar de la manera que ese equipo necesita. Y, cuando se piensa una oficina para el encuentro, se refuerzan hábitos, comportamientos y las experiencias compartidas, de acuerdo a lo que plantea el artículo de JLL. “Las organizaciones que apuesten por un diseño intencionado, flexible e inclusivo estarán mejor posicionadas para transformar sus oficinas en destinos que impulsen la innovación, refuercen la cultura corporativa y hagan que las personas elijan estar presentes”, señala el informe de CBRE.
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